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lunes, 30 de junio de 2014

Cannabis y cáncer: cuidado como cuentas las cosas

















Por Naomí / Imagen www.google.com
No son pocas, desafortunadamente, las ocasiones en las que una publicación científica se mal interpreta, ya sea sin querer o bien de forma intencionada, a la hora de ser transmitida. Esta circunstancia se da con mayor frecuencia cuando hablamos de temas que atañen a mucha gente (política, religión, fútbol, etc), de temas controvertidos (me valen los mismos ejemplos anteriores) o alrededor de prohibiciones con las que no todo el mundo está de acuerdo (aquí ya si pongo el ejemplo de las drogas). 
Si hablamos sobre el cannabis, más popularmente denominado como maría, se dan todas estas circunstancias por ser un tema controvertido entorno al cual hay prohibiciones expresas y hay gente tanto a favor como en contra de su uso (sea cual fuere).
Hace poco me llegó el siguiente enlace , cuyo titular dice “Las células del cáncer mueren tras ser expuestas al tetrahidocannabinol (THC)”. En principio la noticia así expuesta no es falsa, pero de cómo se siga la explicación depende que se haga una mala interpretación de los resultados científicos obtenidos.
La planta y sus compuestos
Cannabis sativa, cáñamo, marihuana, marijuana o maría es una especie herbácea de la familia de la Cannabiaceae (igual que el lúpulo -Humulus lupulus- que se usa en la elaboración de cervezas). De origen asiático, los seres humanos la hemos cultivado desde hace siglos como fuente de fibra textil, aceite de semillas y alimento (casi siempre de variedades con bajo contenido en THC). Pero también se ha utilizado como planta medicinal, psicotrópico o como herramienta espiritual. 
Aunque la principal substancia psicoactiva del cannabis es el ∆-9-tetrahidrocannabinol o THC, las plantas de esta familia contienen decenas de otros compuestos que pueden tener propiedades activas en nuestro cuerpo (aunque la mayoría no son psicoactivos) como el cannabidiol, cannabinol, tetrahicrocannabivarina, cannabigerol, cannabiciclol, cannabidivarina, cannabigerol monoetil éter, etc. Por eso no es correcto decir que el principal compuesto activo del cannabis es el THC si nos queremos referir a estudios terapéuticos porque, simplemente, no lo sabemos.
Existen en la actualidad multitud de estudios respecto de la actividad de estos compuestos y su potencial uso en clínica (no solo de la planta de cannabis sino de miles de plantas de otras especies tan comunes como el tomillo o el perejil).
Pero me gustaría que nos centremos en el artículo que enlazaba arriba y en concreto en las publicaciones de la Dra. Cristina Sánchez, mencionada (que no citada) en dicho artículo. 
La investigación real
Como me parecían poco creíbles las capacidades curativas prodigiosas que se comentan con frases como “¿Qué pensarán las futuras generaciones al saber que la marihuana estuvo legalmente prohibida por muchos años a sabiendas de que posee efectos cuasi mágicos en la mente y en el cuerpo humano?”, me puse directamente en contacto con la autora para que me enviase la bibliografía que en el artículo está ausente y me diese su opinión al respecto. 
La doctora Cristina Sánchez es una investigadora súper maja del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular I de la Facultad de Biología en la Universidad Complutense de Madrid. Me contestó enseguida y me agradeció el interés mostrado en saber cómo son las cosas realmente (os recomiendo encarecidamente que si tenéis interés en algo, escribáis a los autores y expertos que en la mayoría de ocasiones estamos encantados de contestar y explicar bien nuestro trabajo y nuestros correos institucionales son públicos).
Lo primero que me dijo es que de momento nadie ha demostrado que en pacientes humanos el THC y otros cannabinoides maten células tumorales. Esto se está haciendo de momento en cultivos celulares (lo que se denominan cultivos in vitro) y en animales de experimentación. Así que decir que “los cannabinoides de la marihuana inhiben el desarrollo del cáncer, lo que se traduce en un tratamiento alternativo no agresivo (y eficaz) para el enfermo” es no solo una imprecisión sino una irresponsabilidad.
El objetivo de la Dra. Sánchez y su grupo es “seguir aportando evidencia preclínica sólida a la comunidad médica para que se prueben estos compuestos en humanos para el tratamiento del cáncer, pero la realidad es que, a día de hoy, esto no se ha probado y por tanto ni yo ni nadie puede hacer una afirmación como la anterior”. 

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